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Nana

 

Muy poco hacía falta para que la película de Nana, basada en el más que popular manga de Ai Yazawa se convirtiera en un blockbuster, pero nadie se esperaba semejante éxito en la taquilla. La historia de las dos tocayas que se conocen en un tren detenido por la nieve camino a Tokio se convirtió en una de las películas más vistas en los cines de Japón durante el 2005. Por supuesto, la película no sólo cuenta con el respaldo de una numerosísima legión de fans. La presencia de la súper estrella del pop Mika Nakashima en el papel protagonista, el tema principal (y la excelente banda sonora) cantado por Nakashima y compuesto por el popular Hyde del grupo l’Arc-en-ciel y la exagerada campaña de marketing que parece acompañar todo lo relacionado con este producto son hechos más que suficientes para garantizar el respaldo del público. Pero sin todo esto… ¿Qué nos queda? El director Kentaro Ôtani ha sabido captar la sensibilidad del manga original para luego traducirla al lenguaje cinematográfico a través de los personajes, espacios y pequeños detalles que caracterizan el universo de Nana. Continuar leyendo ‘Nana’

Paprika

El mundo enloquece cuando el DC Mini, el experimental invento que permite a cualquiera penetrar en los sueños de otro y controlarlo a voluntad, es robado. Solo la joven terapeuta Atsuko Chiba puede detener la locura generada por el increíble invento y detener a los responsables de que el mundo se haya vuelto del revés, convertida en su alter ego onírico Paprika. Si estamos hablando de realidad y ficción reemplazadas, de heroínas de múltiple personalidad y de animación japonesa, estamos hablando de Satoshi Kon.

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Sukeban Deka IV ~Codename: Asamiya Saki~

La popular idol japonesa Aya Matsuura interpreta a una joven delincuente que será reclutada por el gobierno japonés para que se convierta en una Sukeban, una detective encubierta que deberá infiltrarse en la Academia Divine Springs para investigar la misteriosa cuenta atrás que ha aparecido en una página web de suicidas, y que parece estar relacionada con varias explosiones ocurridas en la escuela. Bajo el nombre código de Saki Asamiya deberá resolver el misterio antes de tres días, momento en el que no sólo finalizará la cuenta atrás sino que su madre, espía capturada por los EUA, será juzgada y ejecutada. A cambio de su colaboración, el gobierno japonés garantiza a Asamiya la repatriación de su madre. Como Sukeban, contará con una única arma para protegerse en caso necesario: Un Yoyó metálico.

Este es, a grandes rasgos, el argumento de Sukeban Deka IV ~Codename: Asamiya Saki~, sin duda la película estrella de la temporada junto a Death Note: The Last Name. El director, Kenji Furuta (guionista de Battle Royale y director de Battle Royale II: Requiem) recupera una popular serie de televisión de los 80 para realizar su segunda película. Si no tan sangrienta como su obra posterior, si que mantiene varios de los elementos con los que le gusta jugar, ya que de nuevo pone a adolescentes en situaciones críticas por culpa de los adultos (aunque esta vez, y afortunadamente, la crítica queda diluída a favor de la historia). A nivel de realización, Furuta mantiene el estilo de videclip, y aunque algo más contenido que en Battle Royale II sigue abusando de los efectos de “bullet time”. Aunque como esta vez es Aya Matsuura la que se luce con el yoyó a cámara lenta, se lo perdonaremos.

Sukeban Deka, literalmente “La chica Detective Delincuente”, está basada en el manga de Shinji Wada, famoso por su adaptación a una serie de imagen real a mediados de los 80. Tal fue la popularidad de la serie que sería llevada al cine en 3 ocasiones. Finalmente, existe un OVA de animación. La serie y las películas son consideradas de culto en asia, y el propio Quentin Tarantino basó su diseño de la célebre Gogo Yubari de Kill Bill en la protagonista de la serie. Tanto en la serie como en las películas, independientes unas de otras, la premisa era la misma: una joven chica delincuente era reclutada por el gobierno para redimirla de su turbio pasado, todas bajo el mismo nombre código, Saki Asamiya. Sus armas iban de las canicas a las peonzas, pero la más popular era el yoyó metálico que ocultaba su identificación como Sukeban. 20 años más tarde, cuando se ha retomado el proyecto, el propio autor del manga especificó que no permitiría una cuarta parte a no ser que fuera la propia Aya Matsuura la nueva encarnación de Saki Asamiya. Y tiene su lógica, ya que en las diferentes películas y series siempre ha sido una famosa idol la encargada de interpretar el papel protagonista, y en el Japón actual no hay idol más famosa que Ayaya, que después de tímidas incursiones en el mundo del cine y la televisión da el gran salto, para regocijo de todos sus fans, que somos muchos. Y no es Matsuura la única idol que aparece en la película. Rika Ishikawa, ex-Morning Musume y actual líder del grupo V-U-Den, se lleva el papel antagonista, y sus dos compañeras de grupo, Yui Ôkada y Erika Miyoshi se llevan también un papel destacado. Masae Ôtani, del grupo de idols Melon Kinenbi, hace también un pequeño y explosivo cameo. En definitiva, la película no es más que esto, guapas adolescentes en uniforme escolar o embutidas en cuero negro lanzándose yoyós cortantes, mientras sus compañeros se autoinmolan con explosivos. ¿Qué más se le puede pedir a una película?

The Host

The Host (Gwoemul) es de esas películas de las que no se para de hablar durante su producción, con un goteo constante de posters, teasers y tráiler. Experiencias anteriores hacían prever un nuevo producto demasiado comercial que pasaría sin pena ni gloria, sin embargo el estreno de la película sorprendió con una lluvia de críticas positivas, respaldadas por un público que en poco tiempo ha hecho que la película fuera récord de taquilla en Corea del Sur.

Y ahora que finalmente pudimos verla en la 39ª edición del Festival Internacional de Cine de Sitges, no puedo sino sumarme a los elogios que había leído. La película lo tiene todo, suspense, horror, drama, comedia, acción… y se mueve entre géneros con una naturalidad poco habitual en el cine asiático. El director, Joon-ho Bong, se mueve tan cómodamente entre géneros que nos descubriremos riendo en los momentos más terroríficos e incluso en los más dramáticos. Sin embargo, no nos engañemos, es sobretodo una película con monstruo, y tras ver los primeros 15 minutos de la película no nos quedará ninguna duda de ello ante la fuerza de las imágenes, que sin ningún pudor nos muestran a la mortal criatura desde el primer momento.

The Host nos cuenta la historia de una familia más que humilde, que vive gracias a un pequeño quiosco en la orilla del río Han, en Seúl. La introducción de los personajes es tan entrañable como breve: la repentina aparición de una gigantesca criatura a las orillas del río lanzará a la familia a una vorágine de sucesos en la que solo podrán contar con ellos mismos para seguir adelante. Es por eso que The Host es tanto una película de horror como un drama familiar, ya que la fuerza de la acción no reside en la lucha contra el monstruo ni en la criatura en sí misma, sino en la lucha de una familia disfuncional que abandona todo lo que tiene y lo sacrifica todo para conseguir el bien común, enfrentándose no solo al monstruo sino a toda la sociedad. Y por eso mismo la película llega tanto al espectador, pues se aleja de los estereotipos del género de monstruos y nos ofrece unos protagonistas débiles y cercanos que llevan la fuerza de la película durante los 120 minutos que dura. Esto no sería posible sin el trabajo de los actores, uno de los puntos fuertes en el que destaca la jovencísima Ah-sung Ko, que interpreta el papel de Park Hyun-seo, la pequeña de la familia y uno de los personajes más fuertes y convincentes de la película.

El otro gran protagonista, es, por supuesto, la criatura. Los efectos especiales son excelentes, y la criatura tiene credibilidad y fuerza en pantalla. Los CGI están perfectamente integrados con los escenarios, la criatura tiene volumen y peso, y su forma de moverse resulta impresionante. En algún momento quizá se echa en falta un poco más de presupuesto (especialmente al final de la película), pero durante todo el metraje sobresale en este aspecto. El director, consciente de esto, nos muestra a la criatura desde todos los ángulos y con todo lujo de detalles, sin complejos, y siempre desde el punto de vista de las víctimas, lo que nos llevará a más de un sobresalto cuando el monstruo aparezca de repente cuando menos te lo esperes. El equipo detrás de la criatura es de lujo, Weta Workshop, responsables de los efectos en El Señor de los Anillos, John Cox’s Creature Workshop, responsables de los efectos en Babe, el cerdito valiente y The Orphanage, responsables de los efectos de Hellboy.

La película gustará más allá de los incondicionales del terror asiático ya que tiene todos los elementos para llegar a todo tipo de espectadores, pero somos los fans del género los que debemos estar más contentos: The Host es tan terrorífica como trágica, pero no deja de ser una película de monstruos.