No hay que tomarse en serio a Minoru Kawasaki. Con películas como Calamari Wrestler o Executive Koala a sus espaldas difícilmente podemos pensar en este personaje como en algo más que el artífice de un divertimento pasajero. Y ahí estamos, en la cola de la presentación de su última película en el Festival de Sitges: Monster X Strikes Back: Attack on the G8 Summit! (Girara no gyakushû: Tôya-ko Samitto kikiippatsu). La película es carne de festival, promete caspa sin complejos y vamos con ganas de divertirnos. Y vemos llegar al señor Kawasaki, acompañado de Shuntaro Kanai, productor de la película… y, oh cielos, ¿el productor va vestido de pollo verde? Ah, en realidad es un disfraz de Gilala, el monstruo protagonista de la infame película de 1967 “The X From Outer Space”, que no tuvo tanta suerte como sus hermanos Godzilla y Gamera y cayó en el olvido hasta que Kawasaki se decidió a resucitarlo en esta película. ¿Estará Gilala condenado al fracaso o triunfará al fin?

Empieza el pase. El guión parte de un clásico: Un meteorito se estrella en Japón durante la celebración del G8, donde los representantes de las 8 economías más poderosas del planeta estaban reunidos. El meteorito, en realidad, es Gilala, un monstruo espacial (muy mono, por cierto) destinado a acabar con la vida del planeta Tierra. Y claro, en vez de huir, los integrantes del G8 deciden acabar con él y ganar la gloria para su país. Paralelamente, unos reporteros que cubrían el evento descubrirán por accidente una remota aldea que rinde culto al dios Take-Majin (que “mola más que Jesús”, en palabras textuales de Kawasaki) y que parece que saben algo sobre el origen de Gilala…

Presentados los personajes y ya puestos en situación crees comprender por donde van los tiros, que en realidad lo que estás viendo no sea el típico kaiju-eiga, que Kawasaki ha conseguido darle un giro y que la película esconde un mensaje, disfrazado de gomaespuma, pero no por eso menos contundente. Kawasaki dirige la película moviéndose con comodidad entre la crítica a la política internacional y la comedia sin que apenas te des cuenta. Sorprende con una película algo mejor realizada que sus anteriores cintas, y puedes llegar a confiar en que, con algo más de presupuesto, podría llegar a hacer algo interesante para el público generalista (aunque viendo sus próximos proyectos, no parece ser algo que le interese). Llama la atención que utilice imágenes de stock de la anterior película de Girara (parece que si merece el nombre de Ed Wood asiático) y en algunos momentos abusa del chiste fácil, pero el público responde bien y ríe donde hay que reírse, especialmente con los intentos de matar a Gilala de los líderes del mundo (que incluyen joyas como ataques con polonio por parte de Rusia, intentos de gasear al monstruo por parte de Alemania o una bomba atómica propuesta por Japón).

Y tras los hilarantes intentos de asesinato llega el gran final, donde, ahora si, el director olvida todos los pretextos y nos ofrece una kaiju-eiga pura y típica. Y le gritas al monstruo desde tu butaca, y animas al bueno (que se parece mucho a BEAT Takeshi) y aplaudes: de repente vuelves a tener 10 años y disfrutas la película sin condiciones.

Y ahí te das cuenta que todo el rato ha sido eso, una peli de monstruos, un homenaje hecho con cariño (la película está plagada de cameos de muchos veteranos del cine de monstruos clásico, como Yosuke Natsuke (Ghidorah y Godzilla), Susumu Kurobe (UltraMan) o Bin Furuya (UltraMan y UltraSeven). Y ese es el gran triunfo de Kawasaki, enriquecer el género con un subcontexto sin alejarse de él, modernizar el kaiju-eiga siendo fiel a sus bases y, sobretodo, pensar en su público y ofrecer una gran dosis de nostalgia a todos los niños grandes que disfrutamos la película.

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