Despues de que Takeshi Miike hiciera un western rodado en inglés, interpretado por actores japoneses y con un cameo de su amigo Tarantino, pensé que nada más extraño podría salir de su ya de por sí extraña cabeza.

Me equivoqué.

Yatterman es la película que hace que Sukiyaki Wester Django sea normal. Bueno, casi.

Esta adaptación cinematográfica del anime homónimo podría haber sido facilmente un producto blando y bobo para todos los públicos, pero para eso debería haber caído en manos de cualquier otro director. Porque para eso es Takeshi Miike, el señor que tan pronto nos horroriza con sus historias de mutilaciones y tortura como nos regala su lado más familiar con la colorida Guerra Yokai.

Yatterman es una película que baila entre el homenaje y la parodia, a ratos amable, a ratos descarnada, a ratos rozando el mal gusto de un modo bastante burdo y descarado. La película contiene sobretodo gags visuales y guiños a los fans de este tipo de sagas. Algunos chistes son realmente buenos y otros… Digamos que la distancia cultural puede hacer estragos en el humor. O llamémoslo por su nombre y digamos simplemente que son malos.

Los actores, siendo una parodia y siendo una comedia japonesa, podemos dar por supuesto que sobreactúan. Bueno, sobreactuar no es la palabra. Necesitaríamos un superlativo de sobreactuación para poder describir la exagerada gesticulación de los, por otro lado, brillantemente elegidos actores. Porque no podemos olvidar que estamos hablado de la adaptación de una popular serie de animación y a ratos (como la escena de los pechos) los gestos de dibujo animado están tan logrados que parece mentira que puedan existir actores con tanta cara de cartoon (que no de cartón, que para eso ya está Keanu).

El vestuario es acertado, tan colorido y de dibujos animados como la caracterización y actuación de los actores o los decorados. La pantalla se inunda de colores, calaveras adorables e incómodas poses heroicas a medida que el conato de trama se desarrolla ante nuestros ojos saturados de kistch.

La película como tal es entretenida y no creo que esté hecha con ningún otro objetivo a la vista que ese mismo: entretener. Empieza, sin baselina previa, con una situación de combate. Da por supuesto que conocemos los personajes o que si no, por lo menos, vamos a reconocer la situación. La introducción a la trama vendrá luego, así como la presentación de los personajes, canciones y coreografías incluidas, pero de momento nos pone la miel en los labios con una divertida pelea entre el Mecha bueno y el Mecha malo, un perro y unas ollas, para más señas en la que queda claro que los héroes tiene juguetes molones y los villanos son unos inútiles adorables. Y menos mal que tenemos a esos villanos porque los héroes no podrían tener menos carisma. Bueno, sí, pero entonces serían atrezzo.

Los villanos tiene más química entre sí que los dos protagonistas, que se supone que son novietes. De hecho, hay una subtrama amorosa que tal vez nos debería importar, pero no lo hace. En parte porque sabemos que en el último momento él se va a decantar por la sosainas de Número 2, en parte porque la villana (una Kyoko Fukuda luciendo sus pucheritos enfundada en cuero negro) es demasiada mujer para él. La resolución del triangulo se resuelve al más puro estilo manga: te demostraré que ella me importa más dejando que me tortures en su lugar y entonces la fuerza de nuestro amor (corazón gigante incluido) te destruirá. No es un spoiler. En serio. Soso 1 y Sosa 2 son así de predecibles.

Da igual, no nos importa, hemos venido al cine a ver Mechas, y de eso tenemos a tutiplén.

Los Yatterman tienen un minirobot pesado y absurdo y un perrobot al que chutan con una especie de Scooby galletas mecánicas que le dan el poder de, atentos que esto es el no-va-a- más, crear pequeños mechas específicos para cada situación, fanfarria incluida. Los Mecha-peces voladores son lo más adorable que he visto en mucho tiempo en lo que a robótica avanzada se refiere.

Los villanos tienen también sus Mechas, por supuesto, y estos suelen estar diseñados según su absurdo plan. La imagen del neumático y rubicundo robot-novia aún me persigue en ciertas pesadillas.

Y no hay más, pero tampoco hay menos. Un producto curioso que podríamos llegar a calificar de bizarro en el caso de que la palabra significara lo que creemos que significa. Pero como no es así, simplimente diremos que es una peli rara, de narices, y más si las series de niñatos tontos con robos gigantes nunca te han importado un colín.

~ Mari P.

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