Ayer me invitaron unos amigos a llevar pelis a su casa y hacer una sesión. Entre las varias películas que llevé, se escogieron la clásica Mr. Vampire y la genial Chocolate.

Mr. Vampire es uno de esos clásicos que o te encantan o te aburren. A mi me encanta. Mr. Vampire creó un género, y Lam Ching Yin encontró el papel de su vida, el monje taoísta unicejo que siempre se encuentra rodeado de alumnos bastante inútiles.

La película gustó, nos reímos mucho, y recordamos cuando nuestro profesor nos explicaba el Taoísmo, y entonces entendían porqué a mi se me escapaba la risa: yo veía a Lam Ching Yin rodeado de vampiros dando saltos y fantasmas con peinados cyber-punk.

En cuanto a Chocolate, poco hay que decir a parte que es una de mis películas favoritas (esto lo digo demasiado a menudo), que la he visto infinidad de veces, y que duele mucho verla. Duele en el sentido que sientes en tu piel las tremendas ostias que se dan y que en más de una ocasión temes que hayan sido reales (luego ves las tomas falsas y ves que hay más reales de las que pensabas). Con Chocolate nació una estrella: Jeeja Yanin (aunque su segunda película Raging Phoenix es muy pero que muy mala) de la que esperamos con ansias nuevos proyectos.

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