La última película del director Tetsuya Nakashima (Shimotsuma Monogatari, Memories of Matsuko) es una de esas producciones que no deja indiferente a nadie. El film impresionó en Cannes y se ganó el jurado del Festival de cine Fantástico Internacional de Puchon. También ha triunfado en la taquilla japonesa, donde se mantuvo durante cuatro semanas en todo lo alto y alcanzó una recaudación de más de 21 millones de euros. Es, por méritos propios, la película candidata al Óscar por parte de Japón, aunque tanto la temática de la película como el cinismo con el que está tratada la convierten en una arriesgada elección para este premio.

En Kokuhaku (confesión, en japonés) asistiremos al discurso de despedida que la profesora Yuko Moriguchi (interpretada por la cantante Takako Matsu, más sobria que nunca) hace a su indisciplinada clase de instituto. Lo que empieza como una lección sobre el valor de la vida se convierte en un relato sobre su experiencia personal, su relación con un conocido escritor seropositivo y la trágica muerte de su hija de 4 años. En este punto Yuko acusa a dos de sus alumnos de la muerte de su hija, y les anuncia que, consciente de que  la ley del menor les protege, ha decidido tomarse la justicia por su cuenta. Los dos alumnos aprenden su primera lección al acabar el discurso: no se debe morder la mano que te da de comer.

En este punto, ya llevas 25 minutos atento a la película, un gran mérito teniendo en cuenta que en pantalla solo hemos visto a la profesora Yuko hablando, con un tono tan monótono como frío. Sin embargo, la intensidad de la historia es suficiente para mantenerte en vilo.

El relato continúa y nos muestra como esta confesión ha afectado las vidas de diferentes personas. Los propios artífices del asesinato Naoki y Shuya, la sobreprotectora madre de Naoki y la compañera de clase con tendencias suicidas nos confiesan su punto de vista de los acontecimientos que acabaron con la vida de la pequeña, al más puro estilo del Rashomon de Kurosawa. Conoceremos las diferentes motivaciones que empujan a los personajes a actuar como lo hacen, y se nos empujará a un espiral de acusaciones en el que la responsabilidad se diluye ante una terrorífica falta de empatía. Sin embargo la profesora Yuko tiene muy claras las responsabilidades y su reaparición nos conducirá a un desgarrador final, tan cruel como satisfactorio para la audiencia.

Tetsuya Nakashima nos ofrece un duro retrato de la amoralidad de la juventud japonesa, en el que no ofrece concesión ni redención. Su redefinición de la figura de la mater dolorosa es venenosa en cuanto a que obliga al espectador a replantearse sus principios morales ante el rotundo posicionamiento que toma el film.

El frío discurso de la película y la tensión que surge de su relato topan con una fotografía delicada y una elegante puesta en escena, pero como es habitual en las películas de Nakashima, la imagen busca el contraste con la narración. Eso si, mientras que Memories of Matsuko o Pako and the Magical Book buscaban una dualidad a través del color y la fantasía, en Kokuhaku vemos un contraste más contenido. No veremos color en esta película, sino ausencia de éste. El dolor, la frialdad y el cinismo de la profesora Yuko tiñen la película de gris y azul, en un baile de secuencias a cámara lenta que convierten los más terribles actos en bellas escenas. Incluso la banda sonora se mueve entre el dinamismo naïf del grupo de idols AKB48 y la música derrotista de Radiohead. La austeridad de las imágenes recuperará color a medida que la profesora Yuko vaya acabando de tejer su telaraña, cobrando vida a través de la venganza.

No podemos evitar establecer paralelismos entre Kokuhaku y la “Trilogía de la Venganza” de Park Chan-wook, incluso el propio Nakashima comentó que fueron su inspiración, pero sin duda la idea de venganza de Kokuhaku no es pasional, sino fría y elaborada. Es una venganza más cercana a Old Boy que a Sympathy for Mr. Vengeance, pero mucho más sofisticada en ejecución y motivación. La historia está basada en las seis novelas escritas por Kanae Minato, que por supuesto, han sido best-seller allí en Japón.

El propio director vino a presentar la película a Sitges, y manifestó estar muy interesado en la reacción del público al final de la película. A juzgar por los aplausos que recibió la cinta, supongo que volverá a Japón más que satisfecho.

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