Esta película hay dos formas de verla, sabiendo lo que vas a ver,  o como la he visto yo, sabiendo que es una película donde Donnie Yen reparte ostias como panes.

Si no sabes lo que vas a ver llega un momento en que una película con una trama algo confusa pero con grandes y geniales dosis de acción se convierte en una gran secuela donde, de golpe, comprendes todo lo que no habías entendido durante la hora anterior.

También cabe decir que si no se sabe mucho de ese periodo histórico en China, la historia puede llegar a confundir aún más, pero todo se salva gracias a las maravillosas coreografías y las dolorosas peleas de mano de Donnie Yen.

Para aquellos que no lo sepáis, la película ocurre siete años después de Fist of Fury (de Bruce Lee) o su remake Fist of Legend (de Jet Li) donde nos encontramos de nuevo a Chen Zhen de regreso de Francia donde ha estado ayudando a los franceses en la primera Guerra Mundial en los pelotones de ayuda que envió China a los aliados. De vuelta a Shanghai se encuentra que la ocupación japonesa se hace cada vez más fuerte y planean una invasión completa.

En cierto momento vemos un flashback en el que Donnie Yen derrota a Sonny Chiba en un dojo japonés, lo que ataría la película directamente a Fist of Legend de Jet Li, aunque la obsesión por la frase “No somos los enfermos de Asia” nos recuerda más a la versión original de Bruce Lee.

Esta es la información que yo desconocía al empezar a verla y que en el momento en el que até cabos me hizo cogerle un cariño instantáneo a la película. Los guiños a Bruce Lee son constantes, ya que desde el momento en el que dejan claro de qué es secuela, Donnie Yen empieza a utilizar movimientos del pequeño dragón. También vemos un guiño a Lee en el traje que se pone Chen Zhen para luchar contra el crimen, el mismo que lleva Bruce Lee en el Green Hornet original.

En el cast tenemos a Shu Qi y Anthony Wong al lado de Donnie Yen, y esa debería ser razón suficiente para que cualquier aficionado la vea. Y por si aún no he convencido a nadie, las escenas de acción valen la pena, las peleas son de aquellas que duelen solo de verlas, y de las que te preguntas si cierto extra ha vuelto a caminar después de semejante galleta.

A la película le veo dos puntos negativos; el primero es que le cuesta bastante arrancar, pero cuando lo hace, lo hace bien. Y el segundo es algo que veo cada vez más en el cine Hongkonés-chino actual, y es la cantidad de parafernalia política que nos ponen. La parafernalia política china se basa en alzar China en comparación con lo malas que son las naciones enemigas. En este caso, en las filas japonesas y extranjeras no hay ni una persona que sea mínimamente buena. Los japoneses son todos y cada uno de ellos, demonios sin alma, y los extranjeros son avariciosos racistas sin compasión.

En las versiones clásicas se intentaba reflejar la realidad, e incluso entre las filas japonesas veíamos a jóvenes que dudaban si lo que hacían era lo correcto, o a la joven de la que se enamora Jet Li en Fist of Legend, tanto ella como su padre no están de acuerdo con la política de su país y actúan como personas normales ante tanto odio.

En el caso de extranjeros occidentales no se les da ni siquiera un intento de bidimensionalidad: solo les interesa el dinero y desprecian a los chinos porqué sí. Y no digo que en la época la situación fuese así, pero dudo mucho que el 100% de la gente fuera así, y en el cine actual no hay ningún intento de demostrarlo. En esta película en cuestión el jefe de policía británica es ridículo y el discurso con el que le calla el policía chino es aún más ridículo. No es difícil imaginar si eso hubiese pasado en realidad, hubiésemos visto al policía chino pasando el resto de sus días en la cárcel o peor…

De esa manera los chinos que se levantan y luchan unidos contra los opresores siempre triunfan ante le adversidad. Incluso en esta película (sin spoilers) donde por fechas históricas, los japoneses invaden Shanghai a los pocos meses (continúa en Ip Man) parece que todo termina y los chinos triunfen ante los japoneses.

En fin, aparte de mi rabieta sobre el tema, que me tiene algo quemado ya, la película es muy recomendable. Coged palomitas y preparaos para exclamar “¡Auch!” y “¡Ouch!” por cada bofetada y cada patada que dé Donnie Yen. Y como siempre, una espectacular Shu Qi que se pasa media película borracha (¿soy yo o hace de alcohólica muy a menudo últimamente?)

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