Cuando anunciaron que rodaban Shaolin, cuyo título en chino es “Nuevo Shaolin Temple” se pensó que se trataba de un remake del clásico de Jet Li de 1982 “Shaolin Temple” que se rodó en el templo de Shaolin. Poco después de aclaró que la película iba a ser completamente nueva y basarse más en el conflicto del templo en su intento de cuidar a una gran población que huía de zonas en guerra constante entre los Señores de la Guerra que se repartían China.

En la película vemos como Hou Jie (Andy Lau) traiciona a su superior Song Hu porqué sospecha que éste le va a traicionar primero. Pero todo acaba en una masacre cuando el primer general al mando de Hou Jie, el joven  Cao Man (Nicholas Tse) decide aprovechar la oportunidad para eliminarlos a los dos con un grupo de asesinos. Hou Jie consigue escapar con su hija pequeña malherida y se refugia en el templo de Shaolin, donde también llega su mujer (Fan BingBing) gracias a unos monjes Shaolin.

Allí Andy Lau se dará cuenta de los errores de su vida y comenzará una nueva vida como monje (gracias a los consejos del cocinero interpretado por Jackie Chan), pero su pasado no estará dispuesto a dejarle escapar tan fácilmente…

Así se nos presenta una película de más de dos horas repleta de estrellas del cine de Hong Kong y de China: Andy Lau, Nicholas Tse, Jackie Chan, Fan Bing Bing, Wu Jing…y con Benny Chan (Gen-X-Cops, New Police Story) en dirección. La película lo tiene todo para triunfar, pero lo consigue no gracias a su cast, sino a su historia. La película no tiene miedo en empezar de forma lenta, confundiendo al espectador sobre en qué época nos encontramos, y qué ejércitos son esos tan coloridos que atacan y persiguen al general de otro ejercito. Poco a poco los personajes empiezan a mostrar sus miedos y sus ambiciones y ya vemos venir quien será el bueno y quien será el malo, y el momento histórico pierde importancia ante la historia de sus protagonistas. Un amigo me demostró como el primero que hace el discurso anti-extranjero es Andy Lau cuando su personaje aún no se ha arrepentido, y que de esa manera sabía que ese personaje se iba a volver bueno porqué “el que hace el discurso patriótico siempre ha de ser el bueno”. Y cuánta razón tenía.

Esto me lleva a otro punto que ya he comentado en alguna otra crítica. En esta película los extranjeros son malos. Malos por que sí. Son tan malos, que no importa en qué bando se encuentren los protagonistas durante toda la película, al final siempre se darán cuenta que el único enemigo del pueblo chino viene de fuera. Unas lecturas políticas exageradamente fáciles y  totalmente innecesarias en una película como esta. No estoy defendiendo a las potencias extranjeras que ya en esa época se empezaban a repartir China por partes, pero en el cine chino siempre se había intentado dar una visión dual del enemigo (ya fuera extranjero, japonés, mongol o manchú) que ha desaparecido en la nueva ola de co-producciones Hong Kong-China post 1997.

Las escenas de acción de Shaolin valen mucho la pena, y aunque a veces se hace un uso exagerado de los cables, es algo a lo que ya estamos acostumbrados. De entre los actores, se nota que Wu Jing es el único protagonista que tiene un background en wushu, lo que hace que su papel resalte más que el resto en cualquier escena de lucha. Andy Lau y Nicholas Tse basan sus escenas mucho mas en coreografías perfectamente organizadas y algún que otro cable y doble. Aún y así, no es algo que le quite calidad a la película. En cuanto a Jackie Chan, tan solo tiene una pelea en la película, y es la peor. Jackie aquí utiliza su característico humor en la batalla, cosa que rompe totalmente con la película y con el momento dramático en el que ésta se desarrolla. Al ser cocinero, Jackie trata a sus enemigos como ingredientes de cocina en una esperpéntica lucha en la que las leyes de la gravedad y de la física se retiran humilladas ante el que antaño fue el mejor actor de acción de Hong Kong.  Realmente el cameo de Jackie es innecesario y seguramente responde más a un intento de llenar el cartel de tantas estrellas como fuera posible que a una necesidad de tenerlo en la película.

En general, una película lenta, que como la filosofía del Buddhismo que intenta reflejar, se toma su tiempo y se centra mucho en los personajes protagonistas y cómo su destino les lleva un enfrentamiento que es tan solo el resultado de todas las acciones violentas que han llevado a cabo durante su vida. Recomendable para aquellos que echen en falta aquellas películas de luchas de la Shaw Brothers en las que la venganza crecía más allá de sus protagonistas.

Eso sí, para aquellos fans de la historia del famoso templo, la película nos cambia totalmente lo que ocurrió y nos cuenta otra historia totalmente diferente de los últimos días del templo y de aquellos que fueron culpables de su destrucción. Esto nos lleva de nuevo a la lectura de nacionalismo que hemos comentado más de una vez en las críticas del cine chino actual, en las que la historia se puede cambiar siempre y cuando el pueblo chino acabe unido en uno solo ante el enemigo común…

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