The Sorcerer and the White Snake, la nueva película de Jet Li es un festín visual de efectos especiales, luchas fantásticas y criaturas mitológicas, todo bajo la excusa de una leyenda sobre el amor entre demonios y humanos.

En la película vemos a dos hermanas demonio-serpiente  y como una de ellas se enamora de un humano tras salvarle la vida de morir ahogado. La serpiente blanca, Susu, hará todo lo posible por volver a ver a su amado, mientras que su hermana pequeña, la serpiente verde QingQing, entabla amistad con un joven monje aprendiz del abad que se dedica a cazar demonios y apresarlos al más puro estilo Ghostbusters. Las cosas se empezarán a complicar cuando este abad FaHai (Jet Li) descubra la relación entre la demonio y el humano y le advierta a ella que eso es algo que no puede suceder.

La película es un remake de “Green Snake” de Tsui Hark en 1990, protagonizada entonces por Joey Wong  y Maggie Cheung. Pero con esto de los remakes chinos es complicado, ya que ambas películas se basan en la novela “Green Snake” de Lilian Lee, que a su vez coge el cuento popular “White Snake” de la Dinastía Ming y le da más protagonismo a la hermana serpiente más joven. Cosa que en la película actual pasa al revés, el protagonismo lo recupera la hermana mayor, la serpiente blanca, y su historia de amor con Xu Xian.

 

 The Sorcerer and the White Snake, o It’s Love como la llaman a veces (parece que no se han decidido en un solo título en inglés y algunos posters usan uno, y otros otro, mientras que en la versión que yo he visto el título en inglés en pantalla es It’s Love) es una película entretenida, que recuerda mucho a las películas de fantasía de la vieja escuela (A Chinese Ghost Story, The Bride with White Hair) y que no habíamos recuperado hasta Painted Skin, y en menor calidad, con A Chinese Fairy Tale. Demonios, humanos y espíritus del bosque conviven en cierta harmonía y nadie duda de la existencia del resto. Los monjes budistas toman aquí el papel de los taoístas en la lucha contra los demonios y espíritus y con eso perdemos el elemento del personaje pícaro que es típico de estas películas. El cazador en esta ocasión, Jet Li, es un hombre recto que da discursos a todo aquel que se cruza y que no admite ningún tipo de excusa ante ningún demonio. Incluso vemos algunos paralelismos con la vida de Buda (como evita la tentación de las demonios que se le insinúan en el bosque a través de la meditación). Las dos hermanas demonio sienten curiosidad por el mundo humano, la mayor por el amor y la relación entre un hombre y una mujer, mientras que la más joven simplemente busca divertirse en el mundo humano, prefiriendo su propio mundo ante la civilización. El humano en este caso es bastante pasivo y apenas hace nada casi hasta el final, nos encontramos de nuevo a una persona normal que se ve arrastrado a situaciones que le superan. Aquí recordamos de nuevo al personaje de Leslie Cheung en A Chinese Ghost Story pero sin caer en la apatía y la estupidez del protagonista de A Chinese Fairy Tale.

Si tuviera que encontrarle algo a la película, personalmente me sobran los dos o tres momentos de broma infantiloide que rompen totalmente el tono de la película y que en ciertos momentos son de vergüenza ajena. Por suerte estos momentos son pocos y solo al principio del film. Sí se echan en falta algún que otro momento romántico que dé más pie a la profunda relación romántica de los personajes, pero en este caso se sobreentiende con tal de no alargar diez minutos el metraje.

En general una película muy recomendable, con unos efectos especiales desiguales, a momentos muy espectaculares, y a momentos pasables. Eso sí, al director le gustaron dos escenas de El Señor de los Anillos y de 2012 y las plagia sin ningún tipo de vergüenza, algo que en el cine chino parece ser alentado más que ridiculizado. Lo ideal sería poder ver la película en cines, así que aquellos que estéis por el Festival de Sitges 2011 no os la perdáis.

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