Taiwán nos tiene acostumbrados a una o dos películas muy interesantes al año, con un estilo muy propio que les ha costado bastante diferenciar del resto de filmografías de habla china. El caso de Taipei Exchanges o The Shoe Fairy son un claro ejemplo, y Starry Starry Night es el más nuevo. Un estilo que nos explica un cuento donde los personajes llevan la historia por encima de las situaciones, y donde la fotografía transmite una sensación de calma al espectador…

Cuando el director anunció el proyecto de llevar a la gran pantalla la novela ilustrada de Jimmy Liao fuimos muchos los que nos alegramos, pero cuando se dijo que iba a ser una producción con China, la alegría ya fue menor. Jimmy Liao es el autor de otras novelas llevadas al cine, como la famosa Turn Left Turn Right de Takeshi Kaneshiro y Gigi Leung con Johnie To como director. Aunque claro, aquello era Hong Kong antes de que China le echara mano al cine. Sin embargo todos estos miedos fueron infundados, tanto el director como los productores tuvieron total libertad en el guión y el gran hermano no hizo ningún cambio. La película ha sido un gran ejemplo de que las co-producciones pueden existir más allá de la censura, y en este caso, gracias a que China se metió en el proyecto, el presupuesto de la película aumentó hasta los 6 millones de euros.

En la película, Xiao Mei (Xu Jiao) es una niña que vive rodeada de arte. Su abuelo (Kenneth Tsang) es un pintor y escultor, su madre (Rene Liu) estudió arte en París y vive obsesionada por el arte y todo lo francés. Su padre (Harlem Yu) también es un amante del arte. Y desde que es pequeña, cada año los tres han construido un puzle de una obra de arte. Sin embargo últimamente su vida empieza a oscurecerse, sus padres se pelean constantemente y los puzles son ya solo un recuerdo del pasado.

Un día llega a clase un niño nuevo, Jay (Lin Hui-min). Un niño muy callado, que siempre lleva consigo un sketchbook y que vive muy cerca de su casa solo con su madre. Ella se fija en él, y comienza a intentar averiguar más cosas sobre él… Pero esa misma noche su padre le da una noticia: su abuelo está enfermo en el hospital.

Mei se refugia en su mundo de fantasía donde elefantes azules la acompañan por la calle de noche para que no pase miedo, donde trenes atraviesan cuadros de Van Gogh  y donde la papiroflexia cobra vida.

La película narra el viaje emocional donde la inocencia no se pierde, donde los sueños no se dejan atrás, sino que crecemos de la mano de nuestros sueños, y nuestra inocencia crece con nosotros.

Con una fotografía sublime, Starry Starry Night nos lleva de la gran ciudad al campo, y de los problemas familiares a la sonrisa de un recuerdo. Cualquier problema parece minúsculo cuando se observa el cielo estrellado, el cielo estrellado es todo lo que necesitan Mei y Jay

La joven actriz Xu Jiao se encuentra casi constantemente delante de la cámara durante toda la película, y aunque al principio parece que el director utilice la ternura que transmite el rostro de la actriz como hilo conductor de la historia, enseguida nos damos cuenta que ella crece con el papel y va mucho más allá de lo que nos puede transmitir su apariencia física. Lin Hui-min trabaja de una forma mucho más comedida que encaja muy bien con las necesidades del personaje. Un niño que siempre ha tenido que mudarse y que ya no hace esfuerzos por hacer amigos, pues sabe que va a perderlos, de golpe se encuentra con una amiga por la que vale la pena hacer el esfuerzo.  Y como cualquier película taiwanesa que se precie últimamente, nuestra querida Kwei Lun-mei hace un cameo.

Visualmente la película es preciosa, tanto los momentos en los que el arte y la imaginación se juntan con la realidad, como en los momentos en los que la fotografía nos guía hacia una mirada, o hacia la ausencia de luz para reflejar una emoción.

Al final hay un epílogo que al principio parece extraño, pero que te mantiene al filo del sofá pidiéndole al director que lo haga, que tiene que hacerlo… Y es un epílogo que encaja muy bien con la película y con el mensaje, no va a dejar indiferente a nadie.

Una película muy aconsejable que podría haber sido, tranquilamente, una animación de Ghibli al más puro estilo Umi ga Kikoeru (Puedo escuchar el mar). Muy aconsejable. Yo he llorado. Estás avisados.

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