Hace 20 años la humanidad hizo un último intento desesperado de acabar con el calentamiento global. El experimento, que tenía que bajar la temperatura global unos cuantos grados, salió terriblemente mal y dio como resultado una segunda era glacial. Solo unos pocos humanos siguen con vida dentro del Snowpiercer, un futurista tren siempre en movimiento, equipado con todo lo necesario para sobrevivir a tan duras condiciones. Sin embargo, salir del tren aunque sea solo por unos minutos significa la muerte.

Esta es la premisa de la ambiciosa película que nos presenta el director Bong Joon-ho (The Host, Memorias de un asesinato). Basada en el cómic francés “La Transperceniege” y arropada con un presupuesto de 40 millones de dólares, la película se ha convertido automáticamente en una pequeña joya de la ciencia-ficción, que combina a la perfección su potencia visual con una épica historia que sabe mantener la tensión durante todo el metraje.

La película resulta refrescante por muchos motivos: A la interesante mezcla de película comercial y pieza artística hay que añadir que es una película realizada en un estudio pequeño, y que combina grandes nombres del cine oriental y occidental sin que se pierda por un momento la personal forma que tiene Bong Joon-Ho de contar historias.

Junto a dos actores habituales del director, Song Kang-ho y Go Ah-sung (vimos a ambos en The Host, sólo que la niña ya está más que crecida y os costará reconocerla), nos encontramos con nombres como Chris Evans, Jamie Bell, Ed Harris o las oscarizadas Olivia Spencer y Tilda Swinton en papeles tan variopintos como interesantes.

Adaptando fielmente el cómic original de 1982, el Snowpiercer avanza imparable entre los desiertos de hielo y nieve. La vida no es posible fuera del tren, así que los pocos supervivientes que lo habitan deberían sentirse afortunados de haber acabado ahí. Sin embargo, el fuerte sistema de clases instaurado en el tren abusa sistemáticamente de los habitantes de los últimos vagones del tren, forzados a trabajar en las más duras condiciones, malnutridos y sometidos a humillaciones y crueles castigos.

Cuando los abusos se endurecen repentinamente, un grupo de rebeldes dirigidos por Chris Evans intentará atravesar el tren para enfrentarse a Wilford, el visionario y misterioso millonario que construyó el tren y, como si se tratara del Mago de Oz, lo domina a través del fanatismo religioso de sus seguidores (siendo el máximo exponente de éstos el fantástico personaje interpretado por Tilda Swinton). Con la ayuda de Song Kang-ho (The Host), un antiguo experto en seguridad que vive ahora consumido por la adicción, el grupo de rebeldes avanzará por el tren, descubriendo los horrores que esconde el Snowpiercer en cada vagón.

Y es que el verdadero protagonista de Snowpiercer es el propio tren, una oscura interpretación de la fábrica de Willie Wonka imaginada por el propio Bong Joon-ho y el diseñador de producción Ondrej Nekvasil (El Ilusionista). Cada vagón es una sorpresa, con su propia identidad y un cuidado estilo visual, convirtiendo la travesía por el tren en un viaje de descubrimiento, no solo de los secretos del tren, sino de los oscuros pasados de los protagonistas.

Snowpiercer nos presenta una clásica historia de distopía con interesantes giros argumentales, una narrativa sólida, personajes bien construidos  y sobretodo, algo que es muy difícil de encontrar hoy en día: un fuerte respeto a la inteligencia del espectador.

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