La llegada, protagonizada por Amy Adams y Jeremy Renner, ha sido la última polémica en llegar a nuestras pantallas, ha dividido al público y a la crítica. Una mitad coincide en que es una obra maestra, mientras que la otra piensa que es una tomadura de pelo.

La llegada cuenta la historia del primer contacto con una raza alienígena que posa doce naves en diferentes partes del mundo. Una lingüista y un físico teórico deberán encontrar la forma de comunicarse con ellos para entender qué hacen en la tierra: ¿son pacíficos u
hostiles? ¿vienen a ayudar o a conquistar?

Desde el principio es fácil adivinar que no nos encontramos ante la típica cinta de ciencia ficción, y aquellos que busquen acción y aventuras posiblemente se duerman en el
asiento. La narración toma el control de la historia, sea para bien o para mal.
El director se toma su tiempo en cada plano, a veces de forma que llega a exasperar
en la primera mitad de la película, mientras una música parecida a llantos de
ballenas ensordece al espectador.

Una vez pasada esta barrera, más de cine de autor que de una cinta de estas características, no es difícil dejarse llevar por el argumento y la extraña atmósfera que envuelve a la nave
alienígena. Una Amy Adams constantemente confundida deberá encontrar la forma de
comunicarse con unos seres con los que no tiene absolutamente nada en común,
mientras el ejército le pide resultados inmediatos.

La originalidad del tratamiento del primero contacto, así como la imposibilidad de comprender las intenciones de unos seres de más allá de las estrellas nos ha enganchado desde el primero momento. Si bien en un par de ocasiones le hubiésemos dado una
colleja al director para que avanzara la cámara a una velocidad más normal,
esto no ha impedido que disfrutemos de La llegada y nos posicionemos en el
bando que la considera una buena película.

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