Éramos muchos los que esperábamos con ansia lo nuevo del polifacético Bong Joon Ho. Tras enamorarnos con The Host, y demostrar que los directores asiáticos pueden hacer buen cine en Hollywood con Snowpiercer, ahora el director coreano se atreve con otra película internacional para Netflix.

La película arrastra polémica por su paso en Cannes, donde fue abucheada por ser de Netflix y no estrenarse en cines en Francia. Esto sólo sirvió para conseguir más apoyo de los fans.

 En Okja conocemos a Mija, una niña coreana que cuida de un súper cerdo creado genéticamente por una empresa americana como nueva fuente de alimento barato. Mija luchará por la vida y la libertad de Okja con la ayuda de un variopinto grupo de pacíficos defensores de los derechos de los animales.

 La película funciona como una bonita fábula con un mensaje muy claro sobre la industria cárnica. Con unos personajes entrañables y un animal en CGI que consigue enamorar al espectador.

 Sin embargo, en la parte final, Okja toma un tono demasiado oscuro que rompe totalmente con la película y se centra demasiado en su mensaje anti-cárnico, dejando al espectador confundido. Incluso en su crítica de la industria cárnica, se ceba también con los defensores de los animales, creando personajes demasiado grises para el tono de fábula de la primera mitad de la película.

 En general toda la parte final es un desastre, donde las metáforas de la industria se sobreponen a la posibilidad de cerrar partes de la historia que quedan colgadas.

 Okja es un filme que se disfruta, pero con demasiados fallos como para que se pueda comparar con el resto de películas de su director.

Anuncios