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Battle Royale (2000)
Kinji Fukasaku

Antes de Los Juegos del Hambre (y después de El Señor de las Moscas) estaba Battle Royale, una cruda película en la que adultos acomplejados como niños obligan a niños a matarse entre ellos como adultos.

La película es una feroz crítica al fascismo y un duro retrato de la naturaleza humana, aunque peca del típico toque naive tan habitual en las producciones japonesas.

O, y además, salen Takeshi Kitano y Chiaki Kuriyama. Si no la has visto, ya tardas. Y si ya la has visto, vuelve a verla.

Outrage

Outrage significa la vuelta de Takeshi Kitano al cine que le hice famoso, el cine de yakuzas. Esto creó una gran expectativa entre fans y crítica, y a su vez, ha sido su película más criticada por ambos. Vamos a intentar explorar el porqué.

En esta película Kitano toma un segundo plano en el papel de Otomo, el jefe de una familia yakuza que está en lo más bajo de la escala organizativa. Por encima suyo,  su jefe está protegiendo a su hermano de sangre, quien está traficando con drogas a espaldas de la organización. Mientras tanto, el “director” de la empresa bajo la que se esconde todo el árbol de familias yakuzas de la zona, está pensando en “reestructurar” el negocio.

La película puede ser algo complicada para quien no esté acostumbrado al cine japonés de yazukas, donde una miríada de rostros y nombres pueden confundir incluso al más ávido cinéfilo en cierto punto. Sin embargo, lo interesante de esta película es, precisamente, que no es la típica película de Kitano donde las mafias se guían por el honor, donde los lazos de amistad son importantes, y donde la venganza es una razón para morir heroicamente.

En Outrage, Takeshi Kitano quiere explicarnos porqué no había vuelto a hacer películas de Yakuza, parece que la sociedad de hoy en día no siente igual que la de los 80′ o 90′. En la película las traiciones entre la mafia están a la orden del día, todos viven con miedo de recibir un balazo de su jefe, o de su subordinado, la amistad es finjida mientras se espera una oportunidad, la figura paternal del jefe yakuza aquí se convierte en un director de empresa que no siente afecto ninguno por la yakuza. Incluso el famoso símbolo de cortarse el dedo para pedir perdón es rechazado numerosas ocasiones en la película bajo la respuesta “Cortarte un dedo no significa nada”. Ya ni siquiera se busca la muerte heroica, si entregándose a la policía, o matando a un hermano, se puede sobrevivir, se hará.

Kitano parece decirnos que la idealizada yakuza que hemos visto en el cine está desapareciendo a favor de jugar en bolsa y meterse en asuntos hasta ahora totalmente prohibidos, como sería extorsionar a un mandatario extranjero.

Así parece cerrar esa parte de su filmografía este excéntrico genio que prefiere no seguir mirando atrás con cariño y se enfrenta a una realidad en la que los valores han dejado de significar algo.

La película es entretenida, aunque densa a momentos. Aquellos que esperen grandes escenas de acción, o escenas muy “a lo Kitano” se verán desilusionados por un acercamiento mucho más realista y crudo de lo que nos tiene acostumbrados el director.

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